Un amigo me pidió recuperar el esplendor de su antigua bicicleta Peugeot Harvard (aprox. año 1990) que había usado durante muchos años.
Esta bicicleta es un ejemplo claro de que los objetos con imperfecciones a menudo se consideran valiosos y que pueden ser más apreciados que los nuevos o intactos.
La bicicleta había sido reparada varias veces (presentaba varias soldaduras de los tirantes traseros) y tenía debajo de la imprimación alguna marca superficial de óxido, por lo que se procedió a un decapado químico seguido de uno mecánico.
Poco a poco se aplicaron las capas de imprimación, colores bases, vinilos y acabados.
El resultado nos retrae a una época en que las bicicletas, robustas, mecánicamente simples, nos emocionaban con su magnífico esplendor y nos hicieron felices.

Nos recuerda también que las peculiaridades e imperfecciones no son defectos, sino marcas distintivas de la individualidad de cada objeto y del valor para su dueño.







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